domingo, 5 de octubre de 2008

Triángulo de las Bermudas particular


Le hablé a Felipe por Messenger, le dije que nos debíamos juntar con Carlitos, que no estaba bien. De inmediato llamé al celular a Carlangas y me dijo que estaba en Santiago, podía vernos en la noche o el domingo, cortamos.
En la noche no sabía qué hacer, pasaba el tiempo, no quería salir de mi casa. Unas llamadas y los tres ya compartíamos en el living. Evitamos ciertos temas mientras caminábamos hacia la comida y algo para beber.
Reíamos y cada uno tenía en los ojos algo que decir. Ninguno quería detallar, ni encontrar el vuelto correcto. Subimos los cuatro pisos, contando superficialidades y peldaños.
Tres vasos de cerveza y comida china frente a nosotros eran el primer plano de un cuadro. Vasos Vacíos sonaba de fondo y empezamos a rayar nuestros monólogos. Hablamos de errores con cierta timidez, la cual evitamos cuando quisimos ver a Heath Ledger, yendo a buscar mi minúscula pantalla mi pieza. Todo un ritual. Paso a paso. Cado uno con pensamientos en la cabeza, tal vez queríamos deshogarnos, pero no queríamos volver a recordarlos.
La pantalla pedía sólo play para empezar con nuestro silencio y mirada fija en el pequeño cine. ¡Salud! Y pregunto al rato: ¿Qué pasó?
Entre botellas cada uno destapó sus problemas, sus silencios, sus lamentos y eventos pasados. Tú reías y tú escuchabas. Nos enojábamos, culpábamos al resto. Odiaba mi mala memoria como me sucede a veces y cuestionábamos nuestro actuar sin arrepentimiento. La distancia era tema central que raramente nos unía de forma especial. Cada uno hablaba de salas, pasillos y aprendizajes. Educación, política y comunicación dialogaban, se entendían, discutían y abrían una conversación sin fin.
“No somos nada”, dije tan segura. Ya no era necesario traer los textos de sionistas. Rothchild, el reino mundial, capitales, injusticias, tiempo inexistente, libertad, religión, sabiduría, elecciones, instituciones invisibles, edificios derrumbados con explosivos, sistemas innovadores, la falta de salsa de soya, figuraban un mapa de desilusión.
Desalentadora historia como la nuestra, sólo nos quedaba esperar. Cada uno vivía cosas distintas, pero llegábamos a puntos exactos de coincidencia estelar. Nunca vimos el reloj, el tiempo pasaba y no era tema.
No necesitábamos dejar la palabra triste. Cada uno contaba sus sueños. Mencionaste un castillo en el cielo y los tres mirábamos hacia arriba e imaginábamos a cuánta distancia estábamos de él. Olvidamos palabras negativas y surgían planes brillantes.
Sonó mi puerta y el rostro de mi hermano con sueño y el de mi madre de cansancio reflejaron la hora. No nos dimos cuenta cómo fue... El tiempo, las palabras y la tele esperando el play dejaron una sonrisa. No era necesario seguir pensando en el resto. ¿Cómo terminará todo? No lo sabíamos. Nos teníamos al otro y no importaba nada más.

3 comentarios:

perrojo dijo...

Cuando lo leí, me acordé tanto de "Cuentos con Walkman"....
:)


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Jéssica dijo...

y yo me acorde de el perseguidor de cortazar
pero ya te lo había dicho
=)

Catalina Álvarez Leyton dijo...

Que erí barza.. me hai copiao caleta, caleta de mi bló